El miedo a fallar

Hay situaciones durante la competición en las que el jugador en lo único que piensa es en “no fallar” el golpe que tiene delante. Este pensamiento, aparentemente correcto, puede tener consecuencias muy negativas sobre la actitud y concentración del jugador.

Analicemos las causas y las posibles soluciones del miedo al fallo.

Lo primero sería distinguir entre el miedo a fallar en una situación puntual (pats cortos, salidas tensas, etc.) o como predisposición psicológica previa a competir. En el primer caso, el miedo al fallo aparece cuando el jugador analiza la situación y piensa que tiene muy poco que ganar y si mucho que perder. Debido a esto, también suele aparecer el miedo al fallo cuando el jugador lleva un buen resultado y en los últimos hoyos intenta asegurarlo intentando no cometer errores (centrado en no fallar). En el caso de predisposición psicológica se une a lo anterior el temor a no conseguir el resultado que uno busca o desea. Tanto en uno como en otro caso, la variable psicológica que tiene más influencia es la autoconfianza. Cuando un jugador está confiado no piensa en el fallo o en las consecuencias que puede tener el fallar un determinado golpe, está centrado en dónde quiere enviar la pelota y no en dónde no quiere que termine.

Errores de concentración: Cuando el jugador está centrado en “no fallar”, la mente está pensando en el fallo. Ejemplo: Si yo le digo: “no piense en un coche amarillo”. ¿En qué pensó? Lo más probable es se haya imaginado un coche amarillo. En el campo de golf sucede lo mismo. Ejemplo: golpe de salida con out a la derecha. Pensamiento del jugador, “no la tires out”. Si este es el pensamiento dominante la pelota terminará muy a la izquierda, out o sin golpear sólidamente. La causa es que el jugador no está indicando a la mente lo que tiene que hacer, sino lo que no tiene que hacer.

Exceso de tensión muscular: otro de los síntomas típicos del miedo al fallo es el exceso de tensión muscular. Cuando nos encontramos ante una situación que consideramos amenazante o peligrosa el cuerpo reacciona tensando los músculos y segregando adrenalina. El grado de tensión viene marcado únicamente por la interpretación subjetiva de esa situación. Si ésta es vista como un desafío o reto (difícil pero alcanzable) la tensión muscular y los nervios van a jugar a favor del jugador. Cuando el miedo al fallo es tan acusado que el jugador anticipa los errores y no puede evitar pensar en el error, la tensión muscular es tan alta que éste se siente como encogido y agarrotado e incapaz de soltarse y golpear a la pelota con decisión. En estos momentos se produce un bloqueo muscular pero también mental, ya que el jugador no sabe lo que pasa ni cómo salir de esta situación llegando a causar ansiedad y agobio antes y durante la competición.

Soluciones:
1.- Como regla general: centrarse en todo momento e independientemente de las circunstancias en lo que se ha de hacer y no en lo que se quiere evitar (centrarse en el acierto y no en el error). Una buena capacidad de concentración y una sólida rutina pre-golpe le ayudarán a conseguirlo. La rutina será sólida cuando no se vea influida por el resultado, clasificación, o por errores anteriores.

2.- Es normal que en determinados golpes lo primero que se haga es analizar los obstáculos y ver por donde no se puede fallar. Después de esto, cambie el chip y céntrese en el acierto.

3.- Mientras esté compitiendo de más valor a hacer las cosas correctamente y reste importancia al resultado. Éste es lo más importante pero cuando se termina de jugar.

4.- Cuando quiera asegurar el resultado cambie solamente la estrategia y nunca su actitud. Tome menos riesgos pero concéntrese en dónde quiere enviar la pelota.